Medusa: de la violencia sexual al mito hipertergiversado

Hoy te voy a contar la historia de medusa, pero la historia detrás del mito, la que dice que fue víctima de la violencia sexual de la época, cuando desde la antigua Grecia ya se decía que la gorgona con cabellos de serpiente era un símbolo sexualizado de la ira femenina

Desde las primeras épocas de la civilización occidental, cuando los mitos empezaban a forjarse, la sociedad ha estado fascinada con la imaginación de la antigua Grecia. Hoy en día, las historias sobre dioses, Titanes y gigantes constituyen los cuentos infantiles, mientras que una variedad de monstruos mitológicos ha cautivado el ojo del espectador en la pantalla grande.

Sin embargo, quizá no haya personaje femenino más popular que Medusa, el monstruo que podía convertir a los hombres en piedra con su sola mirada.

Desde una villana con vestido ajustado en The Powerpuff Girls hasta la mordaz metáfora de Margaret Thatcher en la canción “Madam Medusa” de UB40, el mito de Medusa permanece en la cultura pop contemporánea.

Durante las últimas dos décadas, el personaje ha aparecido en el cine sobre todo en formas seductoras: Natalia Vodianova prestó su figura como supermodelo en el remake de 2010 de la cinta Clash of the Titans, mientras que Uma Thurman jugó un papel particularmente seductor en Percy Jackson and the Olympians: The Lightning Thief. Incluso la Casa de Versace encontró inspiración en la gorgona, colocando una versión hermosa (previa a la maldición) en el centro de su icónico logo. Ahí está, con cabello rizado, encerrada en un círculo de grecas

Cuenta la leyenda que Medusa era una mujer mortal, hermosa y tentadora como el más dulce de los pecados. Tanta era su belleza que Poseidón, dios del mar, queda prendado de ella y no descansa hasta conseguir satisfacer su deseo, contra voluntad de la muchacha, en el templo de Atenea.

Atenea, diosa de la pureza y castidad entre otras cosas, se ve terriblemente ofendida y castiga a Medusa pues simbolizaba todo lo contrario a ella…deseo…carnalidad…voluptuosidad.

Los cabellos de la joven se vuelven siseantes serpientes, sus ojos de una intensidad tal que si los miras fijamente, te vuelves de piedra. Medusa se había transformado en un monstruo pero aún se hacía valer por su andar provocador y sensual que hipnotizaba casi tanto como su mirada.

Desde entonces la cabeza de Medusa fue imágen del escudo de la casta Atenea como instrumento para atemorizar al enemigo.

En ello se unía la perversión y la virtud…porque nunca nada es tan bueno, ni a la vez tan malo.

En una versión del mito, narrada por el poeta romano Ovidio, Medusa era originalmente una hermosa doncella, y sacerdotisa del templo de Atenea, pero cuando fue violada por Poseidón, Atenea se enfureció y la transformó su hermoso cabello en serpientes e hizo su cara tan terrible que su mera visión convertía a los hombres en piedra.

En este relato Perseo describe el castigo de Atenea a Medusa como justo y merecido. Por ello Medusa representa la Lujuria.

Lo que queda claro por el rostro cambiante de Medusa es que no hay una verdad universal sobre su mito. Hermosa víctima, villana monstruosa, deidad poderosa… ella es todo eso y más.

Quizá es porque su naturaleza mercuriana la convierte en una fuente inagotable de fascinación. En cierto sentido ella es vehículo de nuestras proyecciones colectivas tanto de miedo como de deseo: al mismo tiempo un símbolo de la ira y figura sexualizada de la mujer por las mismas fuerzas patriarcales de las que busca vengarse.

¿Por qué mala suerte por un espejo roto?

Como bien es sabido, una superstición es aquel acto o conducta que condiciona la vida de cualquier individuo que hace o deja de hacer algo ante el convencimiento que, de lo contrario, le podría ocurrir una desgracia.

La práctica casi en su totalidad de supersticiones que hoy en día existen provienen de hechos históricos que nada tuvieron que ver en su origen con el infortunio, enfado de Dioses o extrañas maldiciones. 

Ha sido el transcurrir del tiempo, y el pasar oralmente de una generación a la siguiente, lo que ha hecho que acabe siendo común y rutinario para muchísimas personas creer en el ‘mal fario’ de algo, sólo porque sus antepasados ya lo creían así.

Hecha esta introducción debo señalar que la superstición que indica que si se rompe un espejo es sinónimo a tener siete años de mala suerte es tan solo consecuencia de un preciso momento histórico, situado en la Venecia de finales del siglo XV y principios del XVI, en el que comenzó a ponerse de moda los grandes espejos realizados con vidrio y en los que se le ponía una lámina de plata en la parte posterior, haciendo que las personas y cosas situadas delante pudieran reflejarse. Hasta entonces, y desde la antigüedad, los espejos solían ser piezas de metal donde mirarse e incluso se utilizaban vasijas en las que se echaba agua y la persona quedaba reflejada.

La llegada del nuevo modelo de espejo a la vida de los ricos aristócratas venecianos hizo que fueran muchos los que quisieran tener uno bien grande y carísimo en los salones de sus palacetes.

Y es precisamente el altísimo coste económico de esos espejos lo que hacía que se comparase su valor con el del salario de varios años de cualquier sirviente, por lo que se les advertía que tuvieran sumo cuidado a la hora de limpiarlo ya que en caso de romperse deberían trabajar sin cobrar a lo largo de los siguientes años.

Y qué peor desgracia para un sirviente el tener que trabajar durante un indeterminado número de años sin percibir su salario, lo que le auguraba, sin lugar a dudas, un largo periodo de tiempo viviendo penurias y, posiblemente, alguna que otra desgracia.

Esto hizo que corriese la advertencia que se hacían los unos a los otros, convirtiéndose con los años en la superstición que ha llegado hasta nuestros días, a pesar que desde 1835 los espejos tal y como hoy los conocemos aparecieron y, por lo tanto, su valor era ínfimo en comparación con los realizados hasta entonces; pero, después de tres siglos de propagarse, ya estaba enquistada en la sociedad la creencia de la mala suerte que se tendría por su rotura.

Para terminar, cabe añadir que en un principio no se indicaba lo de los siete años de mala suerte, ya que el periodo de tiempo simplemente estaba sujeto al valor del espejo y al salario que percibía el sirviente, por lo que en cada caso era diferente.

Pero como ocurre con la transmisión oral de cualquier cosa, fue a posteriori cuando se le quiso dar un tiempo específico a ese periodo de mala suerte que decía el dicho popular, por lo que se le adjudicaron los famosos siete años, debido a que desde la antigüedad este número tenía una simbología especial en infinidad de cosas: los días de la semana, las notas musicales, los pecados capitales, los colores del arcoíris, los brazos del candelabro judío, los chakras, los arcángeles, los sacramentos, los sabios de Grecia, las maravillas del mundo o las vidas de un gato.

Así que ya lo sabes… en caso de que se te rompa un espejo preocúpate únicamente de no cortarte al recoger los trozos, por lo demás no te espera ningún tipo de maleficio ni mala suerte, por mucho que puedan advertirlo este tipo de absurdas supersticiones y algún que otro vidente trasnochado.

A dos metros de profundidad

Pompas Fúnebres San Nicolás logo

Hoy en día existen muchas formas de dar descanso eterno a nuestros seres queridos. Podemos conservar sus cenizas, sepultarlos en los nichos de los cementerios o enterrarlos en el suelo, normalmente a 2 metros bajo tierra. Si alguna vez te has preguntado por qué enterrar a las personas a dos metros bajo tierra, te lo cuento

Es necesario remontarse a mediados del siglo XVII y a mediados del XVIII, fechas en las que las grandes plagas de la peste bubónica, como la de Londres, afectaron a casi un 20% de la población. 8.000 personas morían a la semana y los ricos huían de las ciudades ante el temor del contagio.

Ante esta situación, en el Londres del siglo XVII, el alcalde Sir John Lawrence, frente al temor de que fueran los muertos enterrados a poca profundidad la razón de la propagación de esta enfermedad, promulgo una serie de normas para limitar el brote, entre las que se incluía la necesidad de enterrar a los muertos como mínimo a dos metros de profundidad. 

Esta medida no sirvió para contener la plaga y se emitieron normas para no enterrar futuras víctimas en iglesias parroquiales o pequeños cementerios, así como la prohibición de la apertura de tumbas. 

Sin embargo, no tenemos esta medida solo a raíz de la peste. Sino que en la medicina del siglo XIX fue popular la realización de investigaciones sobre cadáveres, razón por la que se demandaba restos humanos, algo que provocó el robo de cadáveres para venderse a departamentos de patología.

Frente a los robos, las demandas derivaron en la recuperación de la norma de enterrar los cadáveres a como mínimo dos metros bajo tierra, originado por la peste y recuperado por la protección del cadáver.

¡Aaaay mis hijos! La leyenda de la llorona por latam

En Venezuela la llorona se llama hermenilda, sin embargo, más allá de pensar que es un espanto local, es quizá el más prolífico y extendido del mundo, propio de latinoamerica y cambia de nombre de país en país.

leyenda de la mujer que por despecho ahogó a sus tres hijos en un río, para después suicidarse y penar por las calles, ha pasado de generación en generación en la cultura mexicana.

La imagen espectral de una dama flotante vestida de blanco, cuyo rostro de angustia cubre con un vaporoso velo, lanzando gritos estremecedores, vive en nuestra conciencia colectiva.

Durante la colonia española, el mito de “La Llorona” creció. Había personas que decían haberla escuchado y visto, incluso la psicosis colectiva llegó a grado tal que en el Valle de México se instruyó un toque de queda a partir de las 23:00 horas

La Llorona”, junto con sus lamentos y gemidos de “Aaaaayyy mis hijos”, es, sin duda alguna, el cuento de horror, desamor y traición con el que millones de mexicanos nos identificamos, pero esta historia no es exclusiva de México, en otros países latinoamericanos, que fueron conquistados por españoles, también “temen” al alma en pena de esta mujer.

Las culturas precolombinas creían en seres fantasmales que se aparecían a las orillas de los ríos. Algunos historiadores consideran que en México, “La Llorona”, tiene sus raíces en deidades prehispánicas. Entre ellas destaca la “Cihuacóatl”, diosa de los mexicas, mitad mujer y mitad serpiente, quien, según la leyenda emerge de las aguas del Lago de Texcoco para llorar a sus hijos – los aztecas- que fueron devastados a “manos de los conquistadores venidos del mar”.

La combinanción de creencias de las culturas Mesoaméricanas con la de los conquistadores españoles, originó que el mito de “La Llorona” fuera adoptado en diferentes países de América Latina.

La Pucullén de Chile

“La Llorona chilena” se llama La Pucullén -de cullen, lágrima, y pu, plural-, ánima que se cree llora eternamente porque le quitaron a su hijo de sus brazos a muy corta edad. A este espectro sólo pueden verlo gente cercana a la muerte o personas con habilidades especiales, llamadas machis o calcus.

Veamos 3 ejemplos cortos que se diferencian poco del resto de latinoamerica.

La Tarumama de Colombia

Según la versión colombiana, “La Llorona” es el fantasma errante de una mujer que recorre los valles y montañas, cerca de los ríos y lagunas, vestida con una bata negra que la cubre hasta los talones. Tiene el cabello largo, negro y rizado, donde posan grillos, luciérnagas, cocuyos y mariposas. Su rostro es una calavera aterradora, y en las cuencas de sus ojos giran dos bolas incandescentes. Lleva en sus brazos el cadáver de un bebé y llora lágrimas de sangre.

María de Guatemala

Aquí la mujer fue quien engañó a su esposo, y en uno de sus amoríos queda embarazada. Ante la angustia de que su marido pudiera enterarse, se vuelve loca y ahoga a sus tres hijos en un río y se suicida. Por lo cual es condenada a repetir hasta el fin de los tiempos su grito “Ay mis hijos”.